El hombre del sombrero y la cámara: entrevista a The Photographer

Desde hace más de una década, su icónico esténcil –un fotógrafo con cámara y sombrero Fedora– se ha convertido en parte del imaginario urbano de Valencia. The Photographer desafía estereotipos y convenciones, dejando su huella en los muros de la ciudad y más allá. Con el libro The Photographer. Arte Urbano Furtivo, editado por El Doctor Sax, su trayectoria entra en el mundo editorial, sacando a la luz historias, símbolos y reflexiones de una de las figuras más reconocibles de la escena street europea.

Entrevista realizada por Luca Greco

A partir de un autorretrato, creaste la figura del fotógrafo con sombrero Fedora y Sony 717 que hoy todos reconocen en Valencia. ¿Cómo nació este personaje y qué significa para ti?

The Photographer surgió de la síntesis de un autorretrato, de la necesidad de reducir la imagen a lo fundamental. De esa esencia minimalista nació un ícono: una figura accesible, de comprensión universal y abierta a múltiples interpretaciones. Es un personaje anónimo que invita al espectador a completar sus rasgos y a reflejarse en él.

The-Photographer

A mis 72 años, The Photographer representa mucho más que su simple presencia en las calles. Es una herramienta de trascendencia personal y un acto de rebeldía contra lo convencional y que puedo resumir en una frase: “Nunca es tarde”. Con mi trabajo, busco desafiar las expectativas sociales sobre la edad y las actividades asociadas a la vejez. The Photographer me ha demostrado que envejecer con dignidad es sinónimo de vivir con pasión y sin restricciones. Estéticamente, The Photographer se enmarca en el minimalismo, reduciendo los elementos a su mínima expresión. Esta figura humana logra un impacto visual potente y conciso, comunicándose con el espectador a través de pocos, pero significativos, detalles.

The Photographer es mi propio alter ego y mi firma. Soy yo “cabalgando” por las paredes, mi ego convertido en un ícono con el que la gente, a la vez, se puede identificar. El placer de ver mi imagen repetida miles de veces a lo largo del tiempo por toda clase de superficies urbanas es algo reservado para quienes nos atrevemos a traspasar la línea de lo permitido y descubrimos un mundo de transgresión por explorar.

Tu técnica se basa en el esténcil y en la repetición casi obsesiva de tu símbolo. ¿Por qué esta elección? ¿Es una forma de hacer que tu presencia sea imposible de ignorar?

El esténcil fue mi punto de partida. La primera figura de The Photographer que apareció en una pared, en febrero de 2015, fue creada con una plantilla y pintura en spray. Sin embargo, con el tiempo, la necesidad de ser más prudente y eficiente me llevó a explorar otras técnicas. Ahora, recurro a métodos más rápidos y seguros como el paste-up, los stickers, las piezas 3D pegadas en altura y las reproducciones en azulejos, linograbado o reprografía. De esta manera, el trabajo minucioso lo realizo en mi taller, reduciendo al mínimo el tiempo de acción en la calle para evitar ser descubierto.

Mi trabajo se define por dos palabras clave: estilo e insistencia. Mi objetivo es que mis imágenes sean inconfundibles, que tengan una esencia propia que las diferencie de cualquier otra manifestación artística. La meta es que mi obra sea reconocible al instante, sin necesidad de firma ni indicaciones.

Logro esta visibilidad a través de la insistencia, la repetición y lo que llamo “bombardeo visual”. La mochila lleva siempre material. Es una estrategia de inmersión y difusión que garantiza mi presencia constante en el espacio público. Hay una leyenda urbana que dice: “Cuando has visto al primer Photographer en una pared, ya no dejas de verlo“. Cada día me convenzo más de que, en el arte urbano furtivo, si no te ven, no existes. Lograr esa presencia es el objetivo final de mis acciones.

El anonimato siempre ha sido una de tus señas de identidad. ¿Cómo vives esa tensión entre mantenerte invisible y tener una voz pública?

El anonimato es inseparable de la clandestinidad. Para mí, la clandestinidad no es solo una estrategia para preservar mi anonimato, sino también la clave que me permite moverme con total libertad en el espacio público, esquivando las restricciones legales y sociales.

Esta tensión entre lo legal y lo ilegal, entre lo visible y lo invisible, añade una capa emocional e intelectual a mi trabajo. Cada intervención está cargada de riesgo, convirtiendo el arte en una experiencia que trasciende lo meramente visual. Creo que esta profundidad reflexiva es algo que las personas más perceptivas son capaces de captar. Mi anonimato está intrínsecamente ligado a una filosofía personal que he descrito como una virtud budista del desapego. Para mí, lo primordial es la obra, no el artista. Renuncio ser conocido para que recaiga todo el protagonismo en mi trabajo, permitiendo que hable por sí mismo sin la distracción de una figura pública que realmente no importa. Finalmente, el anonimato genera un aura de misterio y curiosidad en torno al artista. Aunque permanezco oculto, este velo de enigma maximiza el efecto de mi obra, tanto en la calle como en las redes sociales, incentivando a la gente a buscar y a conectar con ella.

Tu libro pone en el centro la fotografía como herramienta para documentar obras destinadas a desaparecer. ¿Qué significa para ti fijar en papel lo que en la calle es efímero?

La documentación fotográfica es el principal antídoto del artista contra el olvido. Una pieza que se pega cuidadosamente de madrugada puede ser arrancada a la mañana siguiente. Si no se ha documentado segundos después de su colocación, esa obra simplemente desaparece y cae en olvido.

Por eso, la documentación de las piezas es crucial pero no lo más importante.

Para mí, esa documentación debe realizarse atendiendo a tres fases:

– inmediatamente por el propio artista, después de la intervención.

– Unas horas después con luz natural, para capturar la obra con la mejor calidad posible y tres fases, una, la pieza donde se perciban los detalles, otra la pieza y el fondo donde está pintada, pegada y una tercera la pieza y el contexto general donde se ubica.

– A lo largo del tiempo, por el artista, otros creadores y el público estando el interés fotográfico en el proceso de deterioro que sufre la pieza, por causas naturales, agresión, expolio etc….

El arte furtivo genera un abanico muy amplio de temas para quienes usan la fotografía como herramienta de perdurabilidad y difusión. La documentación va mucho más allá de la pieza final en el muro; la historia completa se narra a través de las fotografías del “antes,” “durante” y “después.

El “antes: El proceso de elaboración de las piezas en el taller es un tema fotográfico fascinante, que captura la fabricación en cada una de sus fases.

El “durante: La intervención callejera en sí, que apenas dura unos minutos, es invisible y desconocida para la mayoría. Documentar este momento fugaz revela el carácter furtivo, el riesgo, la tensión, la rapidez y la colaboración que conlleva la acción callejera.

El “después: Fotografiar el deterioro, las agresiones o el diálogo visual con otras obras es fundamental, incluso, cuando la pieza ya no está. La fotografía no solo documenta; crea un relato. Incluso en este punto entramos en terrenos de la estética “wabi-sabi”.

En el arte urbano furtivo, la fotografía no es solo un registro pasivo, sino un medio activo para construir una narrativa completa.

Valencia y España son el corazón de tu trayectoria, pero también estás presente en festivales internacionales de paste-up y stickers. ¿Qué relación tienes con la escena local y la internacional? ¿Ya has dejado huellas también en Italia?

Mi trayectoria como artista urbano se centra en Valencia, donde todo comenzó. Poco después, en 2017 mi trabajo salta a Barcelona, una ciudad que visito dos veces al año y donde la impronta de The Photographer ya es visible, especialmente en el barrio de El Raval, Gotic y Born. Para ampliar mi presencia, es fundamental participar en festivales de paste-up, tanto en Barcelona como en Valencia, y enviar mis piezas a eventos en cualquier parte del mundo. Un consejo para quienes lean esto: es mejor enviar pocas piezas, con el tamaño máximo permitido y que no requieran montaje. Desde hace años, complemento mi icónica figura en blanco y negro con un gran círculo rojo —lo que llamo “rojo imprevisto”— que capta la atención a gran distancia. Las piezas que envío a festivales siempre llevan este círculo para asegurar que destaquen en cualquier lugar del planeta.Mi trabajo ha llegado incluso a Italia, concretamente a Roma, gracias a colegas que llevan stickers de The Photographer y los colocan en lugares emblemáticos por todo el mundo. El objetivo es conseguir esa anhelada y repetida frase que resuena en las redes sociales: “The Photographer was here”.

The Photographer. Arte Urbano Furtivo se describe como un espejo para quienes viven la escena y una oportunidad para quienes quieren conocerla mejor. ¿Qué significa para ti esta publicación y qué mensaje esperas que llegue a los lectores?

El libro “The Photographer. Arte Urbano Furtivo”, editado por El Doctor Sax, es un intento de trascender. A mi edad, uno anhela realizar acciones que perduren más allá de lo políticamente correcto, por encima del humo y el ruido social aunque ello conlleve sustos y riesgos. Mi deseo íntimo es que mi trabajo me sobreviva y se prolongue en el tiempo, incluso cuando el autor ya no esté.

Mi obra de los últimos diez años ha creado una red que se extiende en el espacio y en el tiempo. No se trata de cientos o miles de piezas aisladas, sino de una red de intervenciones que configura como un tejido mi legado. En esa red existe un diálogo constante conmigo mismo —con mis descubrimientos, miedos, fracasos y triunfos— y un diálogo privilegiado con otros artistas, colegas, y con quienes siguen mi obra. Toda la riqueza obtenida, protegida por el anonimato de The Photographer, no podía ni debía perderse. A través de este libro, creo haberlo logrado.

Este libro rompe con la estructura tradicional, permitiendo una lectura aleatoria de sus páginas, como un “laberinto interconectado”. Contiene una riqueza de “sabores y colores”, tanto propios como ajenos, incluye reflexiones y estrategias personales así como textos de otras personas que han interactuado activamente con mi trabajo. El libro demuestra que es posible —incluso desde el anonimato— mantener una relación activa entre artista y audiencia.

Como principal documentalista de mi propio trabajo, mi archivo fotográfico supera las veinte mil imágenes, una parte de las cuales está disponible en mi Instagram (@mrbt62). Este libro reproduce una porción cuidadosamente seleccionada de ese patrimonio.

El diseño del libro en sí es otra pieza de The Photographer, utilizando los tres icónicos colores —blanco, negro y rojo— en sus tapas, páginas y textos. Es un trabajo realizado pensado tanto para un lector general, otros artistas, y para cualquiera que busque una motivación para “bajar a la calle”.

El libro se acerca a alguien que, a pesar de ser un “secreto celosamente guardado,” está presente por todas partes. En esencia, mi libro es una ventana al universo íntimo de The Photographer y al constante diálogo que mantengo con el espacio urbano y con el público.

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Calameo

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